Seis meses después del inicio de la ofensiva contra Irán, ninguna de las partes ha conseguido una salida definitiva. Estados Unidos endurece las sanciones económicas mientras Teherán resiste y el estrecho de Ormuz se mantiene como uno de los puntos más peligrosos para la estabilidad energética mundial.
La guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel llegó a los seis meses atrapada en un escenario que comienza a preocupar tanto por su duración como por sus consecuencias. La ofensiva iniciada el 28 de febrero no ha conseguido provocar una rendición iraní y Washington ha trasladado buena parte de la presión del terreno militar hacia la economía.
Mientras el gobierno iraní permanece en el poder, Estados Unidos busca cerrar las fuentes de financiamiento que permiten a Teherán mantener su capacidad de resistencia. La estrategia incluye nuevas sanciones contra bancos, operaciones petroleras y empresas o países que faciliten el comercio iraní.
El endurecimiento quedó nuevamente de manifiesto este viernes, cuando el Departamento del Tesoro estadounidense anunció medidas contra las sucursales en Emiratos Árabes Unidos del banco egipcio Banque Misr, señaladas por Washington como un canal utilizado por redes financieras vinculadas con Irán.
Seis meses de guerra sin un vencedor claro
El conflicto comenzó el 28 de febrero con ataques de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní. Medio año después, el gobierno de Teherán continúa funcionando pese al impacto de las operaciones militares, las sanciones y las restricciones sobre sus exportaciones.
La economía iraní enfrenta una fuerte presión y el riesgo de mayor inflación y descontento interno se ha convertido en otro frente para las autoridades. Sin embargo, especialistas consultados por Reuters consideran que el deterioro económico no garantiza que Teherán modifique su estrategia.
Ese escenario plantea un problema para Washington: incrementar las sanciones puede reducir los recursos disponibles para Irán, pero también puede incentivar respuestas destinadas a elevar el costo económico y político del conflicto.
Estados Unidos cambia las bombas por presión financiera
La Casa Blanca ha intensificado en las últimas semanas su ofensiva económica. El objetivo es dificultar que Irán venda petróleo, obtenga divisas y utilice redes bancarias internacionales para mantener sus operaciones.
La presión también alcanza a socios comerciales y entidades financieras fuera de territorio iraní. Washington pretende impedir que empresas de terceros países funcionen como intermediarias para evadir las restricciones.
El mercado petrolero sigue con atención estos movimientos. El Brent cerró este viernes 28 de agosto en 89.31 dólares por barril, mientras los inversionistas reaccionaban tanto a las nuevas sanciones como a las señales de una posible negociación alrededor del estrecho de Ormuz.
El estrecho de Ormuz, la llave que puede cambiar la guerra
El mayor punto de tensión se encuentra ahora en el estrecho de Ormuz, paso marítimo estratégico que conecta el Golfo Pérsico con el golfo de Omán y por donde históricamente ha transitado una parte considerable del petróleo y gas comercializado internacionalmente.
El tráfico continúa muy por debajo de las condiciones habituales. Datos preliminares de Kpler citados por Reuters mostraron que únicamente siete embarcaciones de materias primas atravesaron el estrecho el jueves, frente a 17 un día antes y un promedio de 15 durante los diez días anteriores.
Irán también ha endurecido su posición. Esta semana anunció una lista negra de 45 buques acusados de incumplir sus reglas de tránsito y advirtió sobre posibles multas, detenciones y confiscaciones de cargamentos.
Para Washington, recuperar una navegación estable sin conceder a Irán mayor influencia sobre el paso marítimo representa uno de los principales desafíos del conflicto.
Qatar y Omán buscan romper el punto muerto
La vía diplomática permanece abierta, aunque hasta ahora no existe un acuerdo definitivo.
Qatar y Omán participan en los esfuerzos para reducir las tensiones y establecer condiciones que permitan normalizar gradualmente la navegación. Irán exige, entre otras condiciones, aliviar el bloqueo sobre sus puertos y obtener concesiones relacionadas con las sanciones.
Los países del Golfo tienen razones económicas para presionar por una solución: prolongar la incertidumbre sobre Ormuz implica mayores riesgos para exportaciones energéticas, transporte marítimo, seguros y cadenas internacionales de suministro.
Una guerra que podría prolongarse
Después de seis meses, el conflicto se encuentra lejos del desenlace rápido que Washington esperaba al comienzo de la ofensiva.
Estados Unidos e Israel mantienen una enorme capacidad militar, pero Irán conserva suficiente margen político y estratégico para continuar resistiendo. Teherán, por su parte, enfrenta una economía debilitada y una presión internacional creciente.
El resultado es un equilibrio particularmente peligroso: ninguna parte parece tener suficiente fuerza para imponer sus condiciones sin asumir costos mayores, pero tampoco existen todavía incentivos suficientes para aceptar las condiciones del adversario.
Si las negociaciones sobre Ormuz y las sanciones fracasan, la guerra podría entrar en una etapa todavía más prolongada, marcada menos por grandes ofensivas continuas y más por sanciones, amenazas, ataques intermitentes y presión sobre las rutas energéticas.
Seis meses después, la pregunta ya no es únicamente quién puede ganar la guerra, sino cuánto tiempo puede sostener cada parte el costo de no terminarla.
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