ANDRÉS MANUEL, COMO LOS VIEJOS RABADANES DEL MUNDO QUE ESCRIBEN LA HISTORIA A SU CAPRICHO. Por: Taré Alaníz

En su conferencia de prensa matutina, el presidente de México Andrés Manuel López Obrador criticó la actitud de rechazo de legisladores panistas y de algunos dirigentes del PRI respecto de la creación de la Guardia Nacional. Fiel a su estilo sentenció que dicha postura no ayuda.

El titular del Ejecutivo aprovechó para externarle a los legisladores federales que no aceptará la simulación ni la reedición de la Policía Federal.

“Vamos a hablar con claridad para que los ciudadanos sepan quiénes votaron a favor y quiénes en contra y podamos transparentar todos estos procesos, no tienen por qué ocultarse, no tengo por qué callarme, no tengo ningún problema de conciencia”, asevero.

Mas allá de la diatriba que concita el debate público en torno la modificación legislativa que buscan hacer avanzar los morenistas en San Lázaro, subyace un cuestión toral, que el presidente quiere imponer a ultranza su modelo de país, apoyado no en la búsqueda de coincidencias, sino ahondando las diferencias.

Las conferencias mañaneras se ha convertido en un patíbulo, a este cadalso es confinado aquel que ose incurrir en el pecado de la disidencia. Juzgue usted:

“Ahora resulta que los que utilizaron sólo como recurso el uso de la fuerza en tiempos pasados y desataron la violencia y convirtieron al país en un cementerio, ahora dicen que son defensores de derechos humanos y que no quieren la militarización del país, cuando no es eso lo que se está proponiendo, lo que queremos es que haya seguridad pública que se podamos resolver los problemas de homicidio, de robos que afectan a la población”, reprochó el presidente.

El berenjenal en que se ha convertido una discusión de gran calado para el país, agolpa en mi memoria un texto de León Felipe que trascribo a pie y juntillas:   

“Este tono levantado del español es un defecto, viejo ya, de raza. Viejo e incurable. Es una enfermedad crónica.

“Tenemos los españoles la garganta destemplada y en carne viva. Hablamos a grito herido y estamos desentonados para siempre, para siempre porqué tres veces, tres veces, tres veces tuvimos que desgañitarnos en la historia hasta desgarrarnos la laringe.

“La primera fue cuando descubrimos este continente, y fue necesario que gritásemos sin ninguna medida: ¡Tierra! ¡Tierra! ¡Tierra!. Había que gritar esta palabra para que sonase más que el mar y llegase hasta los oídos de los hombres que se habían quedado en la otra orilla. Acabábamos de descubrir un mundo nuevo, un mundo de otras dimensiones al que cinco siglos más tarde, en el gran naufragio de Europa, tenía que agarrarse la esperanza del hombre. ¡Había motivos para hablar alto! ¡Había motivos para gritar!

“La segunda fue cuando salió por el mundo, grotescamente vestido con una lanza rota y una visera de papel aquel estrafalario fantasma de la Mancha, lanzando al viento desaforadamente esta palabra de luz olvidada por los hombres: ¡justicia! ¡justicia! ¡justicia!… ¡También había motivos para gritar! ¡También había motivos  para hablar alto!

“El otro grito es más reciente. Yo estuve en el coro. Aún tengo la voz parda de la ronquera. Fue el que dimos sobre la colina de Madrid, en el año de 1936, para prevenir a la majada, para soliviantar a los cabreros, para despertar al mundo: ¡eh! ¡que viene el lobo! ¡que viene el lobo!… ¡que viene el lobo!

“El que dijo tierra y el que dijo justicia es el mismo español que gritaba hace 6 años nada más, desde la colina de Madrid, a los pastores: ¡eh! ¡que viene el lobo!

“Nadie le oyó. Los viejos rabadanes del mundo que escriben la historia a su capricho, cerraron todos los postigos, se hicieron los sordos, se taparon los oídos con cemento, y todavía ahora no hacen más que preguntar como los pedantes: ¿Pero porque habla tan alto el español.

“Sin embargo, el español no habla alto. Ya lo he dicho. Lo volveré a repetir: el español habla desde el nivel exacto del hombre, y el que piense que habla demasiado alto es porque escucha desde el fondo de un pozo.

Yo creo que el presidente es un demócrata, solo no tiene que confundir el fondo de la discusión, el corazón del asunto es que la seguridad ciudadana transite hacia una institución integrada y dirigida por civiles; los militares son dignos hijos de México, entregados, que se han gano a pulso el prestigio del que gozan, solo que esa no es su tarea. 

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